

En La Vallicuerra trabajamos por un modelo de turismo rural sostenible, integrando medidas concretas en la gestión diaria de nuestros alojamientos para reducir el impacto ambiental y mejorar la eficiencia de recursos.
Contamos con sistema de separación de residuos y compostadora para la valorización de materia orgánica, reduciendo al máximo los desechos. Fomentamos el consumo responsable de agua y energía mediante buenas prácticas internas y sensibilización de los huéspedes.
Disponemos de cargador para vehículo eléctrico, facilitando una movilidad más limpia, y utilizamos energía procedente de paneles solares para reducir el consumo de fuentes no renovables. Implementamos sistemas de recogida de agua de lluvia para riego y mantenimiento del entorno.
Apostamos por textiles de algodón y materiales más sostenibles, así como amenities ecológicos que reducen el uso de plásticos y productos contaminantes.
Además, mantenemos un huerto ecológico que abastece parte de nuestro consumo y refuerza la conexión con el territorio. Todo ello se complementa con el apoyo a proveedores locales y la promoción de un turismo consciente que respeta el entorno natural de La Güeria de Urbiés.

Utilizando los sistemas de doble descarga en los inodoros se puede ahorrar hasta un 60% de agua.

Mediante la instalación de tecnologías eficientes en los puntos de consumo de agua de los edificios se puede reducir el consumo en un 50%.

En Europa se utilzan aproximadamente 284.000 millones de m3 de agua, de los cuales, un 40% son consumidos por las actividades industriales (incluidos los usos agrarios). Es fundamental incluir medidas de reducción del consumo y las emisiones de CO2 generadas por la captación, producción, distribución y depuración del agua.

La reutilización de las aguas residuales genera un menor consumo, la reducción de las emisiones de CO2 y, además, la reducción de los costes asociados. También reducirá el impacto ambiental por los vertidos de las aguas residuales.

Una lámpara reciclada permite ahorrar energía gracias a la recuperación de los materiales y reduce las emisiones de CO2 equivalentes a un viaje en coche de 41 km.

Por cada botella de vidrio que se recicla se ahorra la energía necesaria para tener un televisor encendido durante 3 horas.

El mundo tecnológico en el que vivimos genera rápida evolución de la tecnología lo que tiene como consecuencia una enorme generación de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) por la renovación de los mismos.
Se estima que la generación de este tipo de residuos aumentan a un ritmo tres veces superior al del resto de residuos urbanos, alcanzando la cifra de producción de 49 millones de toneladas en 2013 (datos estimados por la iniciativa de NNUU Solving the E-waste Problem- StEP). Actualmente, se calcula que en España se generan más de un millón de toneladas de residuos electrónicos, de las cuales en torno a 750.000 podrían reciclarse.
Los RAEE son los residuos de los aparatos eléctricos y electrónicos, tanto de origen doméstico como profesional, que por sus especiales características requiere de procesos de descontaminación y tratamiento específicos para evitar la posible contaminación que pueden generar. La clasificación engloba los aparatos que son desechados de las siguientes categorías:
La mejor opción es, siempre que sea posible, la reparación o reutilización de los aparatos, evitando así que se conviertan en residuos. A la hora de comprar estos productos es importante elegir los que vayan a tener una duración más larga, y que puedan ser reparados en caso de avería o rotura. Haz un buen mantenimiento de las cosas y antes de desecharlos preguntar a un profesional por su posible arreglo.
Los aparatos eléctricos y electrónicos, cuando finalizan su ciclo de vida útil, deben depositarse en un punto de recogida selectiva para recogerlos de forma separada de otros residuos, garantizando que se almacenan de forma adecuada. Todos los aparatos están identificados con el símbolo de un contenedor tachado para informar a los consumidores de que no se pueden depositar en la basura.
Para la recogida selectiva de los RAEE se pueden utilizar los dos puntos básicos de recogida y almacenamiento:

Separar los residuos de envases para poder proceder a su posterior reciclado significa reducir el trabajo de extracción, transporte y elaboración de nuevas materias primas, lo que conlleva una disminución importante del uso de la energía necesaria para llevar a cabo estos procesos. Reciclando disminuimos la presión sobre los recursos naturales, disminuimos las emisiones de CO2 y ayudamos a proteger el clima.
En 2014, España recicló el 73,7% de los residuos de envase doméstico lo que ha permitido ahorrar 1,2 millones de toneladas de CO2, que equivale a retirar el 25% de los coches censados en la ciudad de Madrid, reducir 3 millones de MWh, equivalente al consumo del 31% de los smartphones que hay en España y también reducir 24,5 millones de m3 de agua que equivale al consumo anual de 438.000 habitantes.
Según ECOEMBES, con ocho cajas de cereales se puede producir un libro, con 80 latas una llanta de coche, con seis bricks una caja de zapatos, y con 40 botellas de plástico PET (las usadas como envase de agua mineral) se puede hacer un forro polar. Cuando utilices los envases, sepáralos y recíclalos utilizando el contenedor amarillo para envases o los sistemas de recogida selectiva adecuados.
¿Cómo reciclar envases? Realiza la separación en origen y deposita en el contenedor amarillo:

El papel que se recoge en España equivale al volumen de 44 estadios de fútbol y supone el 71% del que utilizamos.

La recogida selectiva en origen es considerablemente menos costosa en términos energéticos que en destino y además los productos a valorar serán de mayor calidad al no estar contaminados por otros residuos.

Por cada tonelada reciclada de envases ligeros se evita la emisión de dos toneladas de CO2 o por cada kilo de papel y cartón reciclado se evita la emisión de casi un kilo de CO2. Por ejemplo, fabricar una lata con materiales reciclados ahorra un 95% de energía frente a crear una lata con materias primas nuevas.

Ten en cuenta las medidas del Real Decreto-ley 14/2022, de 1 de agosto de medidas de ahorro, eficiencia energética y de reducción de la dependencia energética del gas natural.
Las tiendas, supermercados, grandes almacenes, centros comerciales y similares, teatros, cines, auditorios, centros de congresos, salas de exposiciones y similares, establecimientos de espectáculos públicos y actividades recreativas, bares, restaurantes y cafeterías (apartado 2 de la I.T. 3.8.1 del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, RITE) tienen que apagar el alumbrado de escaparates a partir de las 22:00h.
Puedes identificar otros gastos innecesarios de energía apagando los sistemas de ilumiación al final de la jornada laboral. Actúa para reducir el consumo innecesario de energía.

Con bombillas LED ahorras hasta un 80% de la energía consumida en comparación con las bombillas tradicionales. Además, mejoras en calidad de luz.

Colocando cada 15 m2 interruptores que permitan la iluminación de manera zonificada, en vez de en toda la superficie de la oficina, podemos reducir el consumo eléctrico y disminuir las emisiones de CO2 al ajustar las necesidades de luz al espacio utilizado.

La implantación de sistemas de comunicación permite reducir las emisiones de CO2 generadas por los desplazamientos y se consigue máxima eficiencia en la comunicación y un ahorro sustancial de costes y tiempo.

En las tareas de limpieza influyen tanto el consumo de agua como el consumo de sustancias químicas de limpieza. Dependiendo de la composición de éstas, así como su dosis de uso, se producirá una mayor o menor contaminación de las aguas.

Con 170 kilos de consumo anual por habitante, España ocupa el puesto 24 en el ranking mundial, lejos de los más de 300 kilos de papel y cartón que consume al año una persona belga, una luxemburguesa o una estadounidense.

El consumo de productos realizados con materiales reciclados tiene un menor impacto en el medio ambiente durante todo su ciclo de vida. Estos productos cumplen la misma o mejor función que un producto no reciclado y alcanzan las mismas o mejores cuotas de calidad y de satisfacción para el usuario. Generan menos emisiones de CO2 porque la mayoría de productos y materias primas procedentes de materiales reciclados necesitan en su obtención menos energía que los procedentes del medio natural.

Los productos desechables generalmente tienen una vida útil muy corta y suelen estar fabricados con materiales como el plástico o el poliestireno cuyos procesos de transformación son intensivos en el consumo de energía y, por tanto, en la generación de emisiones de CO2. En el caso de usos continuados la mejor opción es el uso de productos reutilizables por su menor impacto en el clima.

El desperdicio alimentario supone un gran impacto en el medio ambiente y una enorme pérdida de los recursos necesarios para su producción: agua, superficie agrícola y energía.
Casi un tercio de los alimentos, aproximadamente 1.300 millones de toneladas, que se producen al año en el mundo para el consumo humano se pierden o desperdician, según advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO).
En Europa se desperdicia entre 95 y 115 kilos de comida apta en buen estado y España es el 6º país de la UE que desecha más alimentos, unas 7,7 millones de toneladas al año (21.000 toneladas diarias), según un informe del Parlamento europeo. Los españoles tiramos alrededor del 18% de la comida que compramos y desperdiciamos alimentos por valor de 11.000 millones de euros al año, lo que supone más de 32 kilos por persona. Además, un 45% de los productos desechados podrían haberse utilizado si se planificara, gestionara y almacenara mejor.
Principalmente, esto se debe a: la ineficiencia de las cadenas de suministro (infraestructuras y logística); la carencia de tecnología; la falta de destreza, conocimiento y capacidades de gestión de los agentes que intervienen en la cadena; y, las restricciones operativas que pueden derivarse de la normativa legal.
El desperdicio alimentario es el tercer productor mundial de CO2 tras EEUU y China.

La optimización del empaquetado de los productos, además de dar respuesta a las demandas de los consumidores que cada vez más buscan productos sostenibles permite, a través del ecodiseño, reducir costes de almacenaje, de transporte y de uso de energía y de materias primas. Y esto genera una reducción de emisiones de CO2.

El impacto para el clima de la producción local es, como mínimo, 5 veces menor que la producción deslocalizada. Además de reducir la huella de carbono de los productos, favoreces la economía local (hipótesis basada en datos de alimentos. TCO2/año actualización alimentos kilométricos. Dato INE empresas alimentarias).