Publicado por Equipo #PorElClima el Lunes, 01 Diciembre 2025

La cumbre del clima celebrada en Belém, aunque no va a ser recordada por su ambición, logró cerrar el Paquete Político de Belém. La COP30 llegaba en un momento en el que el mundo avanza entre tensiones geopolíticas, guerras comerciales, crisis internas y crecientes dinámicas de desinformación. Por lo tanto, lograr que 194 países y alrededor de 56.000 personas, entre negociadores, comunidades indígenas, sociedad civil, empresas, científicos, ciudades, jóvenes, se sienten dos semanas a hablar exclusivamente de la crisis climática, más allá del resultado, ya supone un éxito.

En este enlace puedes encontrar más información sobre los progresos más significativos de la COP30 para entender el proceso y sus implicaciones más allá de la negociación formal.

Y manda un mensaje inequívoco de que, a los 10 años de la aprobación del Acuerdo de París, la implementación de la acción climática no se va a detener. Por este motivo, es relevante llevar a cabo un análisis de las principales tendencias que se extraen de los acuerdos de la COP30, que permiten identificar algunas implicaciones estratégicas para las empresas más allá de sus políticas climáticas.

1. En el marco de las obligaciones del Acuerdo de París, la UE presentó antes de la COP30 su nueva contribución nacional determinada (NDC) de la UE, que establece una meta de reducción de emisiones para 2035, como parte del camino hacia la neutralidad climática en 2050. Concretamente, una reducción del 66,25% al 72,5% para 2035 (frente a los niveles de 1990), siguiendo su objetivo de reducción neta del 55% para 2030. A esto se suma la actualizado de la Ley del Clima, que aprueba un objetivo de reducción de emisiones para 2040 del 90% (comparado con los niveles de 1990), pudiendo compensar hasta el 5% de este objetivo con créditos de carbono internacionales de alta calidad a partir de 2036.

Repercusiones estratégicas: Los nuevos compromisos van a generar una modificación legislativa para ajustar las medidas de reducción a los nuevos objetivos. Las empresas, a su vez, deberán ajustar sus operaciones y las medidas de descarbonización a las nuevas regulaciones o requisitos financieros. Por otro lado, los nuevos objetivos van a generar oportunidades en sectores y productos claves para cumplir con las medidas de reducción.

2. No se ha desarrollado el Balance Mundial aprobado en la COP28, marco de decisiones obligatorias desde 2023, y no hubo un acuerdo vinculante sobre una hoja de ruta para la transición de la salida de los combustibles fósiles. Pero, en el ámbito bilateral, se ha aprobado la Declaración de Belém, firmada por España y apoyada por otros 80, mediante la cual los países firmantes se comprometen a trabajar en una transición justa para eliminar este tipo de combustibles.

Repercusiones estratégicas: Aunque no es un acuerdo formal, la presión institucional y política en los países firmantes de la Declaración de Belém puede convertirse en presión regulatoria y financiera. Sobre todo, tras la celebración del primer encuentro internacional que se celebrará en Colombia en abril de 2026. O como resultado del diálogo de alto nivel que va a llevar a cabo sobre la hoja de ruta durante el año que viene la Presidencia de la COP30, y que concluirá en la COP31, que puede incluir de nuevo esta cuestión en la agenda de la próxima cumbre.

Por otro lado, el avance de la transición hacia la salida de los combustibles fósiles va a generar nuevas oportunidades en el ámbito de las energías renovables.

3. Se han realizado un llamamiento para que los países desarrollados se comprometan a triplicar el compromiso de financiación para la adaptación para 2035. También, estos países tienen que promover la consecución del nuevo objetivo colectivo cuantificado de financiación (NCQG), aprobado en Bakú, para la acción climática. Se debe avanzar en el objetivo de movilizar, al menos, 1,3 billones de dólares anuales para 2035 destinados a la acción climática.

Repercusiones estratégicas: Este compromiso, que interpela a los países desarrollados y que tiene que ver con los fondos públicos, está evolucionando para poder incluir todo tipo de financiación (incluida la inversión privada). La financiación, en su caso, está condicionada a proyectos climáticos lo que genera oportunidades para el desarrollo de proyectos de mitigación y adaptación en los países receptores.

4. Se ha continuado desarrollando el Objetivo Global de Adaptación (GGA), aprobando los primeros 59 indicadores globales (de 100) para medir los avances. La implementación de los indicadores es voluntaria y «no punitiva», y se aclara en el texto que no se pueden usar para condicionar la financiación o para imponer medidas restrictivas al comercio.

Repercusiones estratégicas: Los indicadores de adaptación pueden generar nuevas obligaciones para incluir en las políticas empresariales climáticas medidas específicas de adaptación o de gestión de riesgos climáticos. También puede generar modificaciones en los modelos de reporte de las empresas en cuanto a los riesgos climáticos y las medidas de adaptación. Por su parte, la gestión de los riesgos climáticos va a generar nuevas oportunidades para la implementación de soluciones basadas en la naturaleza, actividades para reducir el impacto de las altas temperaturas, etc.

5. Con relación a las personas, y su integración en el centro de los procesos climáticos, se ha aprobado el Mecanismo de Transición Justa y el Plan de Acción de Género (GAP). En el primer caso, el mecanismo reconoce la necesidad de que la transición no deje a nadie atrás, lo que implica que los sectores en transición deben asegurar que sus acciones tienen en cuenta principios de justicia social, protegen a los trabajadores y las comunidades vulnerables y afectadas por la transición. En el segundo, caso, el plan representa un avance respecto a versiones anteriores al incluir mejoras terminológicas, como el uso más consistente del concepto de «género» frente a «sexo».

Repercusiones estratégicas: Tanto el mecanismo como el plan, necesariamente, van a generar modificaciones legislativas que van a definir la incorporación e implementación de medidas concretas sobre justicias social, derechos laborales y políticas de género en las políticas y estratégicas empresariales. También van a modificar los modelos de reporte e información empresarial.

6. Se ha aprobado, por primera vez, el establecimiento de un diálogo de tres años para examinar las oportunidades y desafíos de las medidas unilaterales de comercio y sus afecciones a la acción climática.

Repercusiones estratégicas: Con la herramienta del CBAM de la UE en el centro de la polémica, las medidas de comercio y su relación con los ajustes fronterizos de carbono. Esto implica que los productos con altas emisiones de carbono podrían enfrentar nuevas barreras comerciales, lo que afectaría tanto a las importaciones como a las exportaciones de ciertos sectores industriales. Pero, también, una oportunidad para los productos descarbonizados que serán más competitivos.

7. La COP30 ha elevado a deber de los estados la acción contra la desinformación climática mediante la protección de periodistas ambientales, científicos e investigadores, así como frenar la propagación de información falsa o fake news.

Repercusiones estratégicas: Aunque esta medida no es vinculante legalmente para las empresas, puede generar la modificación de la regulación sobre reporte y medidas frente a la comunicación comercial vinculada a acciones climáticas. También puede suponer la regulación de estándares o de registros públicos de medidas vinculadas a los esfuerzos de descarbonización.

Por último, hay que destacar que una cumbre del clima, además, es el espacio de encuentro anual de muchas de las personas que quieren cambiar el mundo y que, de hecho, ya lo están haciendo. Que trabajan o participan en administraciones públicas comprometidas, en empresas que apuestan por la descarbonización, ONG que impulsan una economía neutra en carbono, científicos que ofrecen soluciones, innovadores climáticos de todo el planeta. En este espacio de colaboración, nacen decenas de iniciativas multiactor que no requieren consenso multilateral. Son alianzas voluntarias, alineadas en propósito, que ya están transformando sectores enteros de la sociedad independientemente de la política.

La COP30 ha supuesto, en este sentido, un acercamiento de esta agenda de acción al espacio de negociación. Y esto, es una gran oportunidad. Para buscar inspiración en el camino de la reducción de emisiones y de las emisiones netas cero, para encontrarse con proveedores, clientes y otros interesados que ya tienen o buscan productos y servicios descarbonizados, para financiar tus actividades climáticas, y para diferenciarse de otras empresas que no han avanzado por la senda de la economía neutra en carbono.